Mantecón, pintor gallego singular de la generación atlántica de los años ochenta del siglo XX

Francisco Mantecón Rodríguez nació en 1948 en Vigo y aquí falleció en 2001, en pleno ejercicio de su madurez  artística e intelectual, y dueño de un reconocido prestigio en el ámbito de las artes plásticas de Galicia.

Francisco Mantecón
Pintor de vocación muy temprana, –de la que quedan huellas y anécdotas memorables, pues sorprende contemplar los trazos ya muy firmes de sus dibujos infantiles, que se dirían hiperrealistas, y se cuenta cómo hacía novillos ingenuamente justificados por el hecho de haberse quedado fascinado contemplando los reflejos del sol en las hojas de un árbol,  el juego de sus  sombras en el suelo, el brillo de los espejos o bien un espacio limpio, motivos que muchos años más tarde acotaría en sus cuadros-, creció en el seno de una familia culta y amante de los libros, y del arte, particularmente la música pues su padre, como otros parientes melómanos, era crítico musical, todo lo cual le proporcionó una sólida formación y un carácter de esteta; sin embargo, al acabar el Bachillerato, fue orientado hacia unos estudios superiores de ingeniería frente a los que habría de rebelarse marchando a Europa, a Bélgica concretamente, durante una etapa contestataria en la que vivió por su cuenta y riesgo aquella vocación.

De regreso provisional en Vigo, participó en todas las ediciones de las Exposiciones al Aire Libre de la Plaza de la Princesa, que, celebradas desde 1968 hasta 1975 y organizadas por los propios artistas, supusieron el caldo de cultivo de la vanguardia del arte gallego, en la que el pintor Mantecón ocuparía un puesto reconocido desde entonces (en la cita de la Plaza de la Princesa de 1971 consiguió una bolsa de estudios, por ejemplo) y a la que siempre había de estar vinculado.

Por esos años, comenzaron sus exposiciones individuales, además de participar en otras significativas muestras colectivas: en  1970 expone individualmente en la Caja de Ahorros de Vigo donde vuelve a mostrar su obra en 1972, así como en la sala Jofer de Pontevedra; y participa en la exposición del Instituto pro-Beiras de 1970, en la Bienal de Arte de Pontevedra de 1971 y en el I Salón Independiente de Arte de Galicia de 1973, en Vigo, con unas obras que en aquel momento se definían dentro de la figuración sobria y personal.

Entre 1972 y 1976 estudia Bellas Artes, en Barcelona, pensionado por la Diputación de Pontevedra. Allí entra en contacto con diferentes movimientos del arte de vanguardia de otras latitudes y evoluciona hacia una abstracción expresionista que, a finales de esa década, transforma en abstracción geométrica de formas esquemáticas y monocromáticas, a la que será muy fiel toda su vida.

Dende mediados de los años setenta comieza a practicar el diseño gráfico que acentúa las estructuras analíticas, planas, con modulaciones de luces sutiles, fondos negros y líneas paralelas, señas de identidad de su pintura cuya preeminencia en la plástica que practica de modo global (el grabado, la fotografía, etc.) no abandonará nunca.

Las exposiciones se suceden desde entonces: su obra sola en galerías como la coruñesa Ceibe, en 1973 y 1976, la Atalaya de Gijón en 1976 y 1977, y la Tótem y la Grup D´Art de Barcelona en 1977, y en diversas muestras colectivas en Barcelona, Madrid, Oviedo o Santiago.

Vigo Porto Atlantic

En 1978 vuelve de modo definitivo a Vigo, para ejercer como profesor de dibujo en un instituto de la ciudad. Es el año en que echa a andar en Bayona el grupo Atlántica, del que fue uno de los fundadores a pesar de que su estilo estaba en contraposición con el expresionismo del resto de los integrantes. Expuso en todas las muestras del grupo hasta “Atlántica 83”, además de ser seleccionado también para otras exposiciones colectivas de arte gallego como “Imaxes dos 80 desde Galicia” (1984), “Tempos de Pintura” (1985), la muestra de artistas gallegos de la Consellería de Cultura en ARCO 83 y 84 o la I Mostra Unión Fenosa de 1989. Al tiempo, casi anualmente, sigue exponiendo en solitario en galerías como Lepina o Novecento de Vigo, Joaquin Mir de Palma de Mallorca, Trinta de Santiago etc.

Mantecón mostró siempre una predilección especial por el papel como soporte, pero, sin abandonarlo, durante los años ochenta utiliza el gran formato siempre fiel, como ya se dijo, a su pintura conceptual y al constructivismo monocromo de formas geométricas que, en los años noventa, dentro de su opción analítica,  añade una mayor presencia de los valores plásticos.

En cuanto al diseño gráfico, actúa en diferentes ámbitos políticos, sindicales, culturales, editoriales, empresariales. A saber:
Artista comprometido con la izquierda, hizo carteles para organizaciones políticas y sindicales: el Movimiento Comunista de Galicia, Esquerda Galega, la CXTG o el Sindicato Galego de Traballadores do Ensino.
Es obra suya la imagen gráfica de entidades culturales como Nova Escola Galega, Galix, Clube Cultural Adiante o Xuventudes Musicais de Vigo.

En el mundo editorial, trabajó para Galaxia, diseñando colecciones como la Dombate de poesía y portadas como las de la colección editada en los años 80 de narrativa; diseñó la colección “Cómplice” de Edicións do Cumio, los “Clásicos Galegos” de la editorial Sotelo Blanco, varias series de Ir Indo Edicións, la colección “Ferros” de Xerais. Y diseñó también revistas “de culto”  como A Trabe de Ouro o el Anuario de Estudios Literarios Galegos.

Cartel para Terras Gauda

En el campo empresarial destacan trabajos como el diseño de las etiquetas y la publicidad de las bodegas Terras Gauda o la renovación de la imagen de la firma Miau de Conservas Alfageme.

En la década de los noventa, en fin, el diseño gráfico le ocupa mucho tiempo; entonces abandona la docencia. Un buen testimonio de tal dedicación lo dan las bodegas Terras Gauda que convocan hoy en día un concurso de cartelismo con su nombre (Concurso de carteles Francisco Mantecón de diseño gráfico industrial), al que acuden artistas de todo el mundo.

Pero, sobre todo, no cesó la obra del pintor en su estudio, solitaria, que mantuvo hasta el último momento un arte pictórico rigurosamente meditado del que pudieron fluir las otras manifestaciones. El pintor Francisco Mantecón había alcanzando un lenguaje propio el cual, paradójicamente por su singularidad sintetizadora, eleva al artista de la historia del Arte contemporáneo de Galicia  a su consideración universal.